Un viaje a la paternidad en 'Irene y el aire' de Alberto Olmos

Reseña de Irene y el aire, de Alberto Olmos

 

Por Sheila Sánchez

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Este libro en tan solo 185 páginas ha logrado condensar perfectamente cómo cualquier persona puede sentirse con la llegada de la maternidad o la paternidad. En este libro más concretamente, se narran los sentimientos de un hombre hacia la futura paternidad y cómo la vive con su mujer Eugenia, con quien comparte su día a día.

 

Aunque este libro esté narrado por un hombre, en ningún momento se deja de lado el protagonismo de la mujer, que es la creadora y portadora de la vida de la hija de ambos. De hecho, en reiteradas ocasiones el protagonista menciona cómo se debe estar sintiendo su mujer y las diferencias entre sus sentimientos y los de ella, al ser ella la que lleva la vida de su hija en el vientre.

 

El libro comienza con la pareja yendo a una fiesta y siendo felicitada por distintas personas. En ella ya comenzamos a ver los pensamientos profundos del padre sobre la llegada de su futura hija y la diferencia entre la experiencia de la madre y del padre, pues la mayoría de las felicitaciones se dirigen hacia la madre.

 

Conforme el libro se va desarrollando podemos ver cómo distintos temas van saliendo a la luz. Por ejemplo, cómo se vive el embarazo desde la perspectiva del hombre. Aunque el hombre no sufre tantas transformaciones como la mujer durante el embarazo, el padre tiene grandes crisis existenciales en torno al nacimiento de su hija. Experimenta todo tipo de emociones, se siente responsable del bienestar de su pareja y de la futura niña, pero a la vez considera que la figura del padre queda en un segundo plano.

 

Esto lo podemos ver cuando el dia en el que la pareja iba al hospital a hacerse la ecografía para averiguar el sexo del bebé, la mujer que los atendió estaba continuamente pendiente de la madre, intercambiando miradas y gestos con ella. Incluso después de la visita al hospital, la propia madre reconoció que el hombre estaba siendo un poco desplazado.

 

Otro de los temas más importantes tratados en este libro es la reorganización de la vida cotidiana que tienen que hacer los personajes, pues tienen que mudarse a otro piso distinto, y por ello tienen que considerar que sea más grande o la zona en la que se ubica, con el propósito de darle una vida tranquila y adecuada a su hija, con seguridad y espacio.

 

En este momento vemos cómo se materializa de una manera más sustanciosa el nacimiento de la hija, pues aunque en este punto del libro aún queden meses para que nazca, ya no solo se hablan de los sentimientos y pensamientos que evoca en los padres, sino también de las decisiones que tienen que tomar en relación a su crianza y su bienestar.

 

Otro momento importante ligado a éste es la compra de muebles para el bebé, que es tan cotidiana como estresante. Esto no solo simboliza una simple compra para amueblar un nuevo hogar, sino también la realidad de que su hija va a nacer y que va a ocupar un hueco en su corazón y en su casa.

 

Desde la primera página hasta la última, Irene y el aire nos deja bien claro que la llegada de un hijo cambia todos los aspectos de la vida de una persona. Y es que tener un hijo evoca emociones como la incertidumbre, por lo que pueda pasarle a una vida que estará unida a ti hasta el último de tus días, o la fascinación por que el cuerpo de una mujer haya creado a un ser vivo fruto del amor entre dos personas.

 

Unida a los sentimientos y emociones que provoca la llegada de un hijo, está la elección de su nombre, que a pesar de no parecer una decisión muy difícil de tomar, le ha dado muchos dolores de cabeza a la pareja. Así, mientras que uno quería un nombre menos convencional, otro tan solo quería elegir un nombre clásico con el que su hija pasara desapercibida. Además, un factor que tienen en cuenta es que el nombre de su hija no sea igual al de una persona que les ha hecho daño o les ha caído mal en el pasado, por lo que con ello se pueden ver las aspiraciones y deseos individuales tanto del padre como de la madre.

 

Al ser padres primerizos, intentan buscar información sobre cómo afrontar el parto. Sin embargo, aunque esto les pareciera útil al principio, luego puede verse cómo tanta cantidad de información les acaba abrumando y generando más ansiedad que tranquilidad. Los futuros padres reciben instrucciones contradictorias y recomendaciones que parecen convertir la crianza en una ciencia exacta. Frente a esta avalancha de información, el autor reivindica la importancia de la experiencia personal y del sentido común.

 

A lo largo del libro también podemos ver la fascinación y la incredulidad del protagonista ante el hecho de que su mujer va a dar a luz a su hija, ya que en reiteradas ocasiones habla de que una cosa es ser padre y otra muy diferente es el momento del parto, momento en el que pasará a ser secundario para tener todo el protagonismo la gestante y la niña.

 

El libro no solo se centra en la paternidad sino que por momentos adquiere un tono filosófico y reflexiona sobre el significado de la vida y lo que es estar en este mundo. Estas reflexiones aparecen por ejemplo cuando se menciona que se recomienda esperar hasta los tres meses para anunciar el embarazo porque se puede sufrir un aborto espontáneo, sin embargo los padres decidieron contarlo mucho antes, lo que posteriormente provocó miedo en ellos.

 

Se puede ver la transformación personal del narrador, pues al final de la historia tiene una madurez que al principio no existía. Así, afronta definitivamente el nacimiento de su hija porque al fin y al cabo hasta que no tienes a tu hijo en tu vida no sabes realmente qué camino hay que tomar o qué tienes que hacer.

 

A ello hay que añadirle que la madre quería un parto natural para su hija, un parto que precisaba de demasiados pasos a seguir y que a última hora se complicó tanto que acabó siendo un parto común en el hospital. El autor defiende que cada padre y madre deben hacer lo que quieran, priorizando el bienestar de la madre y del hijo o hija sin dejarse llevar por opiniones ajenas.

 

También aparece el tema de la solidaridad masculina. El día que su mujer se pone de parto ocurren ciertos inconvenientes que hacen que el hombre tenga que coger varios taxis. Y en uno de esos viajes en taxi el taxista empatiza bastante con el narrador de nuestra historia y le ofrece su apoyo, creando un ambiente de fraternidad masculina en tan solo unos minutos.

 

Leer este libro ha sido para mí como si un buen amigo me contara lo que siente ante la noticia de que va a ser padre con todo lujo de detalles. Además, yo nunca había leído algo así por lo que para mí ha sido el descubrimiento de un nuevo tipo de libros que antes no me habría atrevido a probar, y que a partir de ahora seguiré leyendo.

 

Destacaría del libro cuatro elementos: El narrador en primera persona, que hace que cualquier historia sea contada con más cercanía y que sea muchísimo más fácil sumergirse en la escritura de cualquier autor. El humor, que ayuda a que aunque el nacimiento de una nueva vida sea algo serio se pueda aligerar para liberar tensiones. La originalidad de estar contada por un hombre, ya que este tipo de historias suelen estar escritas por mujeres. El realismo con el que se cuenta la historia, pues se tratan las decisiones cotidianas que conlleva la llegada de una nueva vida.

 

El ritmo de la narración es lento. Te gustará si eres un lector que prefiere historias cargadas de profundidad y reflexión, pero si lo tuyo es un ritmo más acelerado en el que constantemente están sucediendo cosas que te dejen sin aliento, quizá esta lectura no es para ti.

 

Irene y el aire cuenta el día a día de un hombre que va a ser padre, y aunque la paternidad sea algo tan grande que no puedes entender hasta que te ocurre, leyendo este libro puedes llegar a comprender algunos aspectos y empatizar más con los miedos, los pensamientos y las dudas que provoca la paternidad.

 

El estilo de esta obra es cercano, directo y con dosis de humor. Su lenguaje puede ser entendido por cualquier tipo de lector, y también disfrutable, ya seas o no padre.

 

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OLMOS, A. (2020). Irene y el aire. Barcelona: Seix Barral.